¿Cerraste Times Square para eso?
- Alejandra St

- 16 may
- 2 min de lectura
Anoche estaba viendo el desfile crucero de Gucci por Demna Gvasalia, presentado en Times Square. Una colección sostenida en celebridades, momentos icónicos traídos a la fuerza e intentos desesperados por fusionar el Gucci de Tom Ford con una visión que, honestamente, se siente vacía.
Y para eso cerraste Times Square.
Si yo fuera turista y me encontrara con esa situación, me sentiría decepcionada.
Anoche, mientras me deslizaba por Threads leyendo opiniones del desfile —opiniones reales, no las prefabricadas de los grandes medios de moda, que últimamente parecen haber perdido cualquier rastro de criterio, aunque de eso no estoy hablando hoy—, pensé en algo bastante simple: Demna no se esfuerza en crear ideas nuevas.
Como director creativo, su fuerte parece estar en revivir el archivo… o directamente destrozarlo.
Hacer referencia a lo más icónico de una firma una vez puede ser interesante; construir toda una trayectoria alrededor de eso termina siendo aburrido.
Así que, entrando en mis fantasías más salvajes, pensé que si pudiera viajar en el tiempo… haría algunos cambios en la industria de la moda.
Por supuesto, mi máquina del tiempo sería un auto al más puro estilo de Back to the Future. Mi vehículo para viajar con estilo sería un Porsche 911 color verde.

Mi primera parada sería en los años de infancia de Demna, donde intentaría evitar que desarrollara un gusto por la moda. Quizá le diría la frase más cliché y cruel de internet cuando alguien muestra un talento cuestionable: “¿y cantar no te gusta más?”.
Lo sé, suena terrible.
Pero cada vez que recuerdo cómo, durante una década, el legado de Cristóbal Balenciaga se diluyó entre controversias y colecciones que rozaban lo ridículo, se me pasa… y vuelvo, sin demasiada culpa, a mi plan de viajera temporal.
Una vez cumplida mi misión de alejar a Demna de la moda, volvería a mi Porsche y regresaría al presente, donde todo sería diferente.
Posiblemente, Balenciaga habría tenido otro director creativo años atrás; alguien con quien quizá la firma se habría destacado de una manera más elegante… o tal vez habría terminado en el olvido, como muchas otras firmas legendarias que no encontraron cómo sobrevivir al paso del tiempo.
Y entonces me pongo a pensar: ¿de qué serviría viajar al pasado si no pudiéramos tener la certeza de que el futuro sería mejor al regresar?
Porque hoy Gucci atraviesa una crisis de identidad y de números. La trayectoria e influencia que Alessandro Michele le dió a la firma quedó atrás, la breve era de Sabato De Sarno fue brutalmente omitida y la estética de Tom Ford ya no resiste otro revival más.
Amo Gucci, pero con Demna no lo quiero ver. Lo siento sucio.
Nunca me ha gustado lo que hace Demna Gvasalia; probablemente sea mi diseñador menos favorito en el mundo entero. Pero incluso así, no puedo ignorar que bajo su dirección el nombre de Balenciaga se hizo más fuerte, aunque por las razones equivocadas… pero eso es otro tema.
Y ahora, aunque en este presente tenemos a Pierpaolo Piccioli intentando darle un nuevo aire a la firma, no puedo evitar pensar en Gucci… y en cómo, a veces, lo que parece una evolución termina siendo otra forma de desgaste de la que quizá la firma ya no pueda regresar.
"Fuera del Front Row" por Alejandra St



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