De Milan a Paris: el cierre del mes de la moda

Cuando Milan Fashion Week comenzó, yo estaba súper emocionada… spoiler: no debí haberme emocionado tanto.
Pero no quiero ser pesimista. Si tuviera que darle un trofeo a la mejor colección de Milan Fashion Week de esta temporada, se lo daría a Roberto Cavalli, ya que Fausto Puglisi hizo bien la tarea y trajo un poco del espíritu de Cavalli (nunca mejor dicho) a una colección que de verdad daba ganas de ver. Con colores, estampados de todo tipo, flecos y diferentes siluetas, fue como ver lo más cool de los 2000, pero en el presente.
El debut de Moschino no me gustó… Pero no voy a ser la típica hater que, porque algo no le gusta, lanza veneno. Simplemente, creo que podemos esperar un poco a ver cómo la nueva dirección creativa desarrolla la firma y, entonces ahí sí la juzgamos.
Lo de Prada, con una colección construida completamente alrededor de las faldas como pieza central, me pareció una locura y me encantó. El ugly chic nunca se había visto tan bien… Y lo mejor es que, después de ver ese desfile, reflexioné y pensé en las faldas, su historia… su impacto en la historia y en la moda. No miento cuando digo que me dieron ganas de comprarme faldas.
Y no me puedo ir de Milán sin hablar del Vogue World.
Contexto rápido: es un evento que organiza Vogue en un lugar diferente cada año, siempre con importancia para la moda. Este año se celebró en la Galleria Vittorio Emanuele II.
Ahora, ¿es el peak de la moda actualmente? No.
¿Es un evento que vale la pena ver? Sí, si realmente no tienes nada más importante que hacer.
¿Esta edición estuvo increíble?… Bueeeno, aquí va mi opinión.
Siempre es genial ver sobre una pasarela trajes, piezas y vestidos que han hecho historia en la moda y que tienen un significado. Pero tener varias modelos en la pasarela al mismo tiempo, con bailarines, cantantes y extras, es como ver TikTok con la televisión prendida en el fondo de la habitación.
Siento que el Vogue World, como propuesta, es interesante, pero en su ejecución se pierde un poco. Y, en esta edición, con todos los momentos random que tuvo, solo tenemos que ver las caras de Alessandro Michele y Miuccia Prada cuando salieron bailando unos robots, eso para mí resume el evento.
Con ese dato me voy a París, donde el mes de la moda tuvo su última parada de la temporada.

Uno de los desfiles que se robó toda la atención fue el de YSL, con la Torre Eiffel de fondo y candelabros gigantes en dorado que le daban cierto aire de opulencia a la escenografía. Una colección que se sintió grandiosa… y que marcó el final de una década con Anthony Vaccarello como director creativo.
Algo que me gustó de esta semana de París fue Zimmermann y Chloé, donde la feminidad y la delicadeza ganaron terreno, con colecciones que se sentían ricas en detalles, artesanía y construcción.
Daniel Roseberry, con Schiaparelli, sigue siendo uno de los aciertos más grandes. Colección tras colección, el diseñador sabe cómo combinar el surrealismo clásico de la firma con propuestas comerciales.
Y, cerrando la semana, Baobab, una firma de mi país, Colombia, presentó su colección resort en la Ópera de París e hizo una muestra de algunas de las cosas culturales que más representan al país.
Para mí, es un momento épico, no solo en París, sino también en la industria de la moda colombiana, que cada día tiene más valor para mostrarse al mundo y mostrar de qué estamos realmente hechos y por qué merecemos ser conocidos.
Ahora sí, el Big Four de la moda llegó a su fin con esta temporada.
Realmente podemos decir que vimos de todo… y valió la pena.
Siempre vale la pena vivir la industria de la moda.
para The Fashion Edition



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